En la imagen, dos flexos enfrentados: uno apagado, sin brillo propio, y otro encendido, dirigiendo su luz hacia él.
La escena se convierte en un símil visual del apoyo emocional: cuando alguien pierde su fuerza, su claridad o su rumbo, el otro aparece para iluminar en su lugar, sostener, acompañar, compartir su energía.
Una metáfora de la empatía silenciosa, de estar ahí cuando el otro no puede brillar por sí mismo.
