En la imagen, varias canicas de colores rodean a una canica transparente, que, al recibir su luz, comienza a teñirse con sus reflejos.
La escena funciona como un símil visual de la personalidad influenciada por el entorno: cómo absorbemos, reflejamos y a veces adoptamos matices de quienes nos rodean.
Una metáfora de la identidad como algo en constante diálogo, nunca del todo aislado, nunca completamente definido.
